Objetividad cero

Un tema recurrente, ¿hasta qué punto aceptable?

Fingido asalto terrorista en el Teatro de Molina de Segura, Murcia.
Fingido asalto terrorista en el Teatro de Molina de Segura, Murcia.

El narcotráfico, la droga, la prostitución y, cómo no, el maltrato han sido temas más que usados en la gran pantalla, en la pequeña y en el teatro. Nuestro cine se ha caracterizado por tocar, sin paños calientes, estos conflictos en películas como Te doy mis ojos, Princesas, Grupo 7 y un largo etcétera. Sin embargo, ¿qué pasa con el terrorismo?

Nos atrevemos con todo y así nos luce el pelo a veces. Sólo voy a poner tres ejemplos, los que se me vienen a la cabeza, o los que sé de primera mano mejor dicho. Voy a empezar con el más arriesgado, especialmente porque muchos tendréis la osadía de tacharme de friki, lo cual será bastante respetable dadas las circunstancias.

En la última edición de Gran Hermano, la 1.250, surgió una conversación relacionada con las manifestaciones de este año y con la Huelga General. El comentario desafortunado vino de la boca de la concursante vasca, Argi, cuando se le ocurrió bromear diciendo “yo sólo he ido a una manifestación para que vuelva ETA”. Las consecuencias desde el exterior no tardaron en llegar y, tras la multitud de peticiones, la concursante fue expulsada.

Con el segundo ejemplo desvelo una de mis películas preferidas, Noviembre de Achero Mañas, protagonizada por el gran Oscar Jaenada. Es la historia de un grupo de teatro independiente que abandona las aulas para salir a la calle a buscar la reacción del público. Pronto se dan cuenta de que el teatro reivindicativo y documental era su gran filón, aunque ello supusiese cruzar ciertos límites. Fingir un atentado de ETA en el centro de Madrid marcó el antes y el después en el grupo.

Por último, nos trasladamos a las tablas de un teatro, el de Molina de Segura, donde fue estrenada la obra Boris Godunov y donde un grupo de actores simulan ser terroristas y tomar como rehenes a los asistentes del teatro para recrear el asalto en Moscú, en el año 2002, en el que murieron 171 personas. Un susto para los asistentes no sé hasta qué punto justificado.

Después de esto me vuelve a asaltar una vez más la misma pregunta, ¿dónde están los límites? ¿Nos podemos recrear, tomar prestados o quitar hierro al asunto a ciertos temas? Hay quien ha llegado a decir que estos ejemplos han hecho apología del terrorismo. En el caso del programa televisivo la línea es más difusa. Pero, en los otro dos ejemplos, ¿son capaces la Cultura o el Arte de que hagamos la vista gorda?

La Estación Central

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