Objetividad cero

El fenómeno musical

Está claro que las modas se cuelan por todos los rincones, sean grandes o pequeños. Por eso, en el terreno de la cultura, no iba a ser menos. ¿Os habéis fijado la cantidad de musicales que han acogido los teatros madrileños en los últimos 15 años? Si vuestra respuesta es negativa sólo puedo decir dos cosas, la primera que sois un poco despistados y la segunda que os invito a que lo hagáis.

LEC-ELREYLEONLos hemos tenido de todos los colores, desde los pioneros, como El fantasma de la Ópera o El violinista en el Tejado, hasta el actual de Disney, El Rey León, o el repetido sin cesar, nacido en la misma casa, La Bella y La Bestia. Hemos demostrado que somos unos modernos y, que si los cantantes y compositores de nuestro país tienen labrado un reconocimiento de años, qué mejor manera de sacarle partido que con un musical. Claro que sí, si ideas para sacar ‘parné’ no nos faltan. Nacho Cano, el maestro Sabina, o el no menos maestro Serrat han sido algunos de los que han terminado pasando por el aro. Y, digo pasando porque Joaquín no parecía estar muy por la labor de convertir sus temas de siempre en un espectáculo, pero al final ya se sabe.

LEC-NACHOCANOMi pregunta es, ¿a qué se debe este boom? Después de mucho pensar se me ocurren dos factores principales, lo conocido y lo importado. Me vais a permitir que me explique. Si nos fijamos en estos espectáculos ninguno ha sido creado de la nada. Es decir, todos son adaptaciones de obras anteriores o, en su mayoría, de series de televisión y películas y, si lo conocido no es la historia, lo es el protagonista. En cualquier caso nos gastamos el dinero con la confianza de que no nos vamos a arrepentir. En cuanto al segundo factor qué decir, que nos americanizamos no es ninguna novedad. Como ya hemos visto en el ‘Cara a cara‘ de la semana pasada nos gusta más lo importado que a un tonto un lápiz. El género del musical no es, ni mucho menos, de cosecha propia, ya que nuestro antecedente más castizo es la Zarzuela, aunque tampoco es exactamente un musical al uso.

Por último no hay que olvidar que detrás de todo espectáculo hay una industria. En Madrid, por ejemplo, las franquicias que ocupan el monopolio de los musicales se cuentan con los dedos de una mano. No les resulta arriesgado apostar por este género porque si uno sale mal pronto tendrán otro en marcha, de ahí que sean los grandes teatros los que albergan estas funciones y que ya se venda dentro todo tipo de merchandising, que uno ya no sabe si está en un teatro o en el mercadillo del domingo.

LEC-SABINA

Ya sabemos que las modas son pasajeras y yo sólo espero que, el hecho de que los musicales hayan crecido como champiñones, no sea lo que a la larga les haga desaparecer. En la variedad, queridos, está el gusto. Dejemos entonces que haya variedad.

La Estación Central
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